DELINCUENCIA LEGALIZADA
No es novedad. Si el crimen se definiera como anomalía, no habría crimen en Colombia, o más bien, "el bien" sería el crimen real. Pero basándonos en hechos constitucionales, en los Derechos Humanos y en el "Sentido común", es grande la decepción que hemos de llevar.
Si, lo de la delincuencia no es novedad en el país; bueno, tal vez no haya lugar en el mundo que esté exenta de ella, pero, lo que mas conmueve, es que aquí en el país tricolor, la delincuencia esté legalizada. Insisto, ¡no es novedad! ¿Por qué?
Hace unos años, Hugo Chávez le decía a Vicky Dávila que "Colombia es un Narco Estado", y algo de razón tenía; porque en Colombia no sólo es delicuente el gatillero de comuna, el ladrón de tienda o de celulares, el sicario que le reza a la virgen, la guerrilla, o las Bacrim, en Colombia, el mismo estado ha sido durante años una orquesta de la delincuencia, y eso se refleja a diario.
Pablo Escobar Gaviria, fue congresista de esta Nación, (un delincuente legalizado), más del 30% del congreso de la República de Colombia fue denunciado por la "parapolítica" (delincuentes legalizados), qué decir de los inmensos casos de corrupción: el proceso 8.000, DAS, YidisPolítica, los Char, el soborno del ejecutivo para el trámite legislativo, entre otros.
Ahí no se estanca la delincuencia legalizada; durante más de 20 años, el crímen o las faltas al código penal y a la constitución han salpicado las presidencias de la República; el escándalo de Samber, Uribe, Santos, representan una política tradicional corrupta en la elección presidencial, y ni qué hablar de Ivan Duque, las pruebas contundentes, (descartadas por cierto) por la justicia y los entes de control contra el actual presidente de Colombia, la "ñeñepolítica" otra alternativa (en un país "alternativo") de una delincuencia legalizada.
Por lo que realmente he querido escribir esta columna es para hablar de una situación que está socavando los ánimos del país en los últimos días; por un lado, hay que reconocer que el resentimiento social es una realidad que venía en el congelador gracias a la pandemia; las protestas en contra de este gobierno, provenian desde almenos un momento histórico en los últimos años; el 21 de Noviembre del 2019, luego, la pandemia, por ende el confinamiento, obligó a la sociedad a detenerse y no protestar, pero, claramente dicha pausa, no sólo sirvió para calmar los humos, si no, para impulsar más al sabor tan agrio que llevan tantos Colombianos por las realidades sociales del país.
Es que tanta irracionalidad por parte de un gobierno, mientras que el pueblo estaba impotente para actuar, cargó muchos sentimientos.
¿Cómo puede un gobierno ser cómplice del hambre, el asesinato, la desprotección del ambiente, el olvido, la apatía?¿Cómo es posible que mientras Colombia entra en un declive total, el presidente se posesione como el rey del cinismo?.
Todo esto estaba en el conciente de los jóvenes, de la ciudadanía, (de algunos, pocos, o muchos), hasta que llegó, lo que se dice comúnmente: "la gota que llenó la copa" el #ABUSOPOLICIAL.
El asesinato de Javier Ordoñez por parte de la policía dejó ver el episodio más reciente, doloroso e indignante de la #DELINCIENCIA LEGALIZADA, uno creería que portar un uniforme daría tranquilidad a los transeúntes, y eso es precisamente lo que genera mayor impotencia. La represión autoritaria de quien debería defender, ataca.
Con justa razón, se enfureció el pueblo, y salió a protestar, se manifestó en contra de la delincuencia legalizada, de unas mascaras con tintilla de legalidad pero con mano de criminales, y quién lo creyera; Colombia que todo lo copia, también plagió el episodio de George Floyd. (Policías que matan a la ciudadanía) y eso es algo que nadie puede aceptar.
La indignación de jóvenes que salen a las calles han llevado a contra atacar a lo que represente al Estado, y en este punto, tengo un punto de vista que muy probablemente difiere con muchas personas NO Uribistas (claro, porque en Colombia ya no se puede hablar de derecha si no de Uribismo). Es que de nada sirve una manifestación cuando no hay organización, y menos cuando es violenta, la violencia, resta gente en las calles, no todo el mundo está dispuesto a ir a suicidarse.
Si la ciudadanía no se organiza en su protesta, termina siendo carente de una "multitud consciente", por eso, la protesta no es más que una masa. Las marchas son suicidios, porque al gobierno no le importa que te mates en la calle y menos, que quemen un bus del servicio público, el cuál volverán a construir robándose como siempre, mucho mas dinero del erario. Falta organización para hacer presiones reales. Incendiar el país, quemarlo y suicidarse en la calle (con una fuerza pública opresora) no soluciona nada, por el contrario, satisface los perversos afrodisíacos de nuestros gobernantes... el debilitamiento del pueblo!
Por: Mateo López López
Comentarios
Publicar un comentario